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jueves, 3 de mayo de 2012

SAIOA BILDARRATZ: ENTRE LUCES Y SOMBRAS

COMENTARIOS AL PROGRAMA

A simple vista, éste podría resultar un concierto de música contemporánea al uso, pero nada más lejos de la realidad…Cierto es que la mayoría de las obras que lo componen pertenecen al siglo actual, pero el motivo que las une no es precisamente el cronológico. Este concierto nace de una inquietud, de una pregunta que pretende ser respondida a través de él: ¿Qué provoca la escucha de música contemporánea en el receptor?
Los compositores de hoy crean obras excelentes, buenas o malas, al igual que pudiera ocurrir en cualquier época del pasado, y sin embargo, las salas siguen inundadas de música caduca al servicio de un público irremediablemente aclimatado a ellas. Es éste un fenómeno curioso y único en la historia ya que mientras en los siglos XVII o  XVIII el oyente exigía al compositor una eterna renovación del repertorio, y las obras apenas disfrutaban de un estreno, el oyente de hoy parece sentirse más cómodo entre aquellas luces del ayer. Ningún pasado artístico está haciéndose recordar tanto como en el caso de la música; aún hoy, en un siglo XXI repleto de cambios vertiginosos, resulta complicado romper con este hecho. El compositor, adaptado a los nuevos tiempos, compone obras que resultan toda una sombra para el público…siempre detrás pero incapaz de alcanzarles.
Con el fin de poder confirmar estas líneas, toda obra está seleccionada concienzudamente y cumple un cometido preciso. La obra más antigua, el primer movimiento del Quinteto op.57 nº 5 de Luigi Boccherini (1743-1805), es la única muestra de esa luz a la que hace alusión el título del concierto. Una obra que deja entrever la simplicidad de un estilo galante, un vocabulario armónico y unas melodías muy accesibles a cualquier oído. Compuesta 6 años antes de su muerte, estando al servicio del embajador francés Luciano Bonaparte, su serie completa de los 6 quintetos op.57 fueron dedicados a la República de Francia “en testimonio del vivo sentimiento de gratitud y obligación que siento hacia esta nación”. Este prolífico compositor, más profuso en música de cámara (250 cuartetos y quintetos), pasó gran parte de su vida en Madrid y fue uno de los impulsores de las corrientes estéticas italianas en el país, al igual que Farinelli o Domenico Scarlatti. Sus op. 56 y 57 fueron de hecho, adaptadas, sustituyendo el piano por la guitarra. Escuchando esta obra nadie podría imaginar que su vida estuvo marcada por la pérdida de sus dos esposas y 4 de sus 6 hijos. En definitiva, este quinteto es una de esas músicas brillantes hechas para el deleite y que entra dentro de los cánones de belleza actual.

Trasladándonos 50 años atrás, encontramos la siguiente obra escogida por orden cronológico, 4´33” de John Cage (1912-1992), adaptada, en esta ocasión, para quinteto con piano. A pesar de no pertenecer ya a nuestro siglo, resulta toda una provocación para el oyente. En sus 3 movimientos, tan solo una indicación de Tacet que señala al músico que debe permanecer en silencio a lo largo de 4 minutos y 33 segundos. Alejados ya de esos propósitos del placer por el placer, nos adentramos en una obra nacida de una inquietud. Cage ya había mostrado su interés por el silencio en obras anteriores, pero no de forma tan evidente como en ésta. En 1951 visitó la cámara anecoica de la Universidad de Harvard, buscando un silencio que no logró encontrar; oía dos sonidos, uno alto y otro bajo. Cuando se los describí al ingeniero a cargo, me informó que el alto era mi sistema nervioso, y el bajo mi sangre en circulación." Esta imposibilidad de encontrar el silencio fue la que movió al compositor a componer 4´33” en 1952. Podría decirse que las inesperadas y siempre variables reacciones del público conforman los sonidos de esta controvertida obra que ha llegado a nuestros días como un icono de la música de vanguardia.
Centrándonos ya en las obras de reciente creación, encontramos dos de ellas compuestas por un autor que apenas cuenta con 27 años; la Toccata para piano nº 2 op. 15 “Teufelskreiss” del 2008 y 1428 de Elm Street del 2011, ambas del bilbaíno David Cantalejo.

La primera de ellas, para piano solo, fue compuesta bajo la supervisión del compositor Joseba Torre como parte de su formación compositiva en el Conservatorio Superior de Navarra. El título alemán Teufelskreiss sirve como idea generadora de todo su sistema compositivo. Toma ideas tanto de su traducción al castellano “círculo vicioso” como al inglés “círculo del diablo”. De este último toma la idea del diabulus in musica, la famosa 4º aumentada para explotarla a través de los dos modos que la contienen, el hexátono y el Lidio. En el primero de los temas de la obra (A), juega con ambos modos, superponiéndolos, mientras que en B hace uso únicamente del modo lidio. Ambos temas contrastan también en carácter, uno más agresivo y el otro más lento, con un posterior desarrollo de ambos temas y una Coda final explosiva y diabólica. La superposición de ambos modos genera un motivo que se repite incesantemente como un círculo vicioso (en alusión a su traducción castellana), con ligeras modificaciones apenas perceptibles al oído pero desembocando en un final que poco tiene que ver con su comienzo. Es una obra que, tal y como indica el autor, recuerda ligeramente a Ligeti (1923-2006).

El título de 1428 de Elm Street hace alusión a la calle donde transcurren las pesadillas de la afamada cinta de Wes Craven; sin duda, un homenaje a las películas de terror. Esta obra, para clarinete y piano, fue un encargo realizado por el Centro de Música Contemporánea “Garaikideak”. Su autor logra crear ambientes perturbadores con pequeños instantes de “calma armónica”, explotando los diferentes registros de ambos instrumentos. Pasajes vertiginosos del piano, sobresaltos y provocaciones del clarinete, sonidos aislados como pasos en la noche, “fríos” armónicos o “aterradores” frulatti, o un piano muy percutido y grave contrastando con un chillón clarinete. A esta atmósfera, además, cabe añadirle el juego que el autor realiza con el número 1428, base de su sistema compositivo, del que se deriva un modo de 8 sonidos y una multitud de interválicas. El resultado final envuelve al oyente, absorto en su propia historia de terror.
La Suite para títeres para trío de violín, acordeón y piano del autor Ignacio Fernández Galindo (1973-), ha sido recientemente estrenada (Febrero de 2012) en el Palacio del Condestable de Pamplona. La obra, a la que acompaña un relato del mismo autor aún por finalizar “Brunilda, el escarabajo y los tres hechizos”, se estructura en diferentes movimientos de una suite con claro predominio tonal. La obra contiene un arreglo  jazzístico del clásico “That old feeling” compuesto por Lew Brown (1893-1958) en 1937.
Tanto David Cantalejo como Ignacio Fernández Galindo pertenecen al Centro de Música de Contemporánea “Garaikideak” que promueve la creación y difusión de obras contemporáneas.
La última de las obras presentadas, aún sin editar, lleva como título Trío nº 1 del compositor Joaquín Taboada. Es quizás el mejor ejemplo de un músico extraño al momento en el que vive. Sus obras, que han alcanzado fama internacional y han llegado a ser nº 1 en las más importantes plataformas de descarga libre en Internet, respiran un ambiente cálido y apacible. Aunque muy afín al new age, no podríamos englobar toda su obra en una única corriente estética. El Trío nº 1 para violín, acordeón y piano, recuerda mucho a la obra de Yann Tiersen (Amelié) y goza de la elegancia que caracteriza a la música francesa. El piano, cual colchón, acompaña una conversación entre violín y acordeón; dos personajes que ceden su protagonismo en favor del otro, se imitan, se alejan, se buscan y al final se encuentran en una agradable fusión de melodías muy tonales. Si uno cierra los ojos, puede sentir el balanceo de unos columpios en una tarde de lluvia cualquiera. Una música generosa, cercana, natural y simpática que hará las delicias del asistente a este concierto. Nadie puede negar que, explosivo o no, este concierto presenta un cóctel de obras que deben ser valoradas por lo que son.

¿Provocarán todas ellas la misma reacción, el mismo efecto en el público? Este concierto es, sin duda, un motivo para la reflexión…



Saioa Bildarratz Gracia

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